Los beneficios de una práctica continuada de yoga son casi imposibles de enumerar por las múltiples implicaciones que tiene más allá del simple ejercicio físico.
Realizar distintas asanas y secuencias con atención al detalle y consciencia en el movimiento del cuerpo y de la respiración mejora la capacidad de concentración, la cual va deteriorándose progresivamente por culpa de un estilo de vida acelerado e hiperconectado.
La concentración no es otra cosa que la capacidad de mantener la atención en el tiempo y en un objeto o actividad concreta, esto hace que se intensifique dicha atención de manera que sea posible profundizar realmente en el objeto o actividad en cuestión. Justo lo contrario a la tendencia de distracciones constantes mediante notificaciones y reclamo de atención por parte del entorno al que nos vemos sometidas continuamente. Entornos que parecen estar agravando los mal llamados casos de trastorno por déficit de atención (TDA). Por tanto, y como antídoto, mucho más yoga es necesario desde edades tempranas.
Mientras leía sobre la etimología de la palabra, descubro que otra de las acepciones de concentración es reunir en un centro o punto lo que estaba separado. Y considero que es una buena forma de definir al yoga, entendiendo lo que estaba separado como los procesos mentales de su manifestación corporal, por tanto, material. En este sentido la concentración es presencia con intención.
El mundo de las ideas, del pensamiento abstracto, tan propio del desarrollo humano, llega a secuestrar al cuerpo en la medida en la que puede llegar a privarlo de libertad de movimiento y de expresión a través del movimiento. Y no solo esto, también puede desencadenar todo tipo de dolencias que es preciso prevenir antes que curar. Pero esto da más bien para un libro 😉
Feliz semana.

