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La semana pasada escuchaba una noticia planteada, en mi opinión, desde una perspectiva totalmente desconectada de la realidad, algo que tristemente cada vez me sorprende menos.

Una esquiadora había decidido seguir compitiendo en los juegos olímpicos de invierno a pesar de la rotura del ligamento cruzado en una de sus rodillas, y en concreto, en una prueba de descenso esquiando donde se alcanzan velocidades de 140km/h. Pero lo más llamativo de todo es la forma en la que se hicieron eco los medios de comunicación, y algunos «influencers», presentando la historia como una heroicidad, un acto extraordinario de superación, del humano que lo puede todo (por favor, que alguien les diga lo mucho que aburren ya con esto).  

Y quienes entiendan lo que realmente significa esa decisión, quienes más allá de haber competido, hayan cultivado una relación real con su cuerpo y sus posibilidades, comprenderán que no hay nada de mérito, ni de admirable, ni de heroicidad en eso, más bien es una decisión personal de alguien a quien no le importa poner en riesgo su salud y su integridad física (la mental parece que ya sucumbió), para seguir compitiendo por una promesa de reconocimiento en forma de medalla, dinero, fama, etc. 

Y no me entendáis mal, todo el deporte de élite, es decir, de alto rendimiento en competición (JJOO, mundiales, torneos internacionales, etc), consiste en llevar al cuerpo al límite de sus posibilidades, ir un poco más allá cada vez con ese “afán de superación” que la psicología quizás pueda explicar mucho mejor que los entrenadores dependiendo del caso en concreto. 

Pero no todo vale, mucho menos con una lesión grave de esas características en una modalidad de deporte semejante. 

No, no es admirable no ser capaz de parar cuando el cuerpo lo necesita o, más bien lo pide a gritos como en este caso con algo tan serio como una rotura de ligamento.

El deporte es un juego en el que a veces ganas y otras pierdes, y está bien, porque siempre supone una experiencia que te hace aprender de ti misma gestionando emociones de todo tipo. A veces ganas muchas veces seguidas y te conviertes en el entretenimiento de muchos espectadores, incluso en un supuesto ejemplo a seguir por gente que ni conoces ni te conocen. A veces el personaje no deja ver a la persona, o la persona piensa que es el personaje y se va perdiendo a sí misma por el camino, etc. 

En el extremo opuesto al de la esquiadora, hubo hace años otra deportista de alta competición, gimnasta, también estadounidense, que supo parar cuando era necesario en contra de opiniones y presiones de todo tipo para, años más tarde, volver con mucha más fuerza, la fuerza de quien toma las riendas de su vida y decide cuidarse física y mentalmente por encima de promesas de reconocimiento o de lo que otros puedan opinar. 

Hacen falta más decisiones valientes para cuidar aquello que nos hace humanos, especialmente en un mundo que pretende arrastrarnos a lo contrario.

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