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Hace poco hablaba con una amiga sobre lo preocupante de que el yoga se haya convertido en una moda más de la sociedad de consumo y las implicaciones que tiene esto en su práctica y desarrollo hoy en día. Por supuesto esto no es de ahora, pero especialmente en los últimos años parece que todo vale y a todo se le puede llamar yoga.

Disfruto mucho la parte postural del yoga que desarrollo en mis clases, toda la parte física que atiende al cuerpo supone un campo amplio de actuación sobre el que darle un espacio al yoga en el día a día. Igualmente disfruto muchísimo investigando, reflexionando y escribiendo a partir del conocimiento sobre su historia y filosofía. Si atendemos a esto último, vemos que el yoga tiene unos rasgos que lo hacen intemporal y mantienen su esencia a través de los siglos, y además es capaz de ir adaptándose a cada época desarrollando nuevos aspectos que perduran o no.

Es absurdo pretender hacer del yoga un sistema cerrado, con una rigidez que no le caracteriza. Muchos de los maestros y pensadores más reconocidos de esta disciplina se distinguieron por ofrecer al mundo su propia manera de transmitirlo, siendo fieles a su esencia. Diferentes tradiciones se han encargado de hacer su propia interpretación y aportar al conjunto de técnicas yóguicas. Está en el propio hinduismo esa apertura a la hora de reconocer distintas escuelas filosóficas como vías para llegar a un mismo fin que coexisten sin la necesidad de hacer comparaciones entre ellas.

No quiero extenderme aquí mucho más sobre esto. En definitiva, el yoga es intemporal y en mi opinión las modas no son capaces de desvirtuarlo, a pesar de que muchas formas de lo que llaman yoga hoy estén desvirtuadas.

El yoga como moda, caerá por su propio peso, siempre y cuando sigamos siendo capaces de distinguir lo que tiene alma de lo que no 😉

Balasana
Foto @juanpopsnuggle

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