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Necesitamos más que nunca dedicar un tiempo y un espacio a una actividad que nos haga sentir bien desde un lugar calmado, esto es, que equilibre las funciones del sistema nervioso. Yoga es una de las técnicas que incide en ello.

Para quienes no estén familiarizados, el sistema nervioso es el que recibe y procesa la información necesaria para dirigir y regular las distintas funciones del organismo. Se suele dividir entre central y periférico. A nivel anatómico, el sistema nervioso central lo componen el encéfalo y la médula espinal, que son como un centro de operaciones y su principal vía de transmisión. Pero existen también otras vías en forma de diversas ramificaciones, los nervios, que llegan a cualquier punto del cuerpo y son clasificadas como sistema periférico.

Imagen libre de derechos. Brgfx para Freepik

El encéfalo no es solo el cerebro, y es importante hacer esta distinción, porque el principal responsable de la coordinación del movimiento es el cerebelo, no el cerebro. El cerebelo es una de las partes del encéfalo que integra información de tipo sensitivo y motor, fundamental para quienes nos dedicamos al estudio y la práctica del cuerpo en movimiento. Por supuesto que cerebro y cerebelo están en comunicación constante, no funcionan de manera aislada, así como también el sistema nervioso central y periférico, pero sí que es necesario reconocer lo que ocupa a cada parte para entender mejor el todo.

El sistema nervioso periférico tiene la capacidad autónoma de reaccionar activando un conjunto de respuestas orgánicas en dos versiones: simpática y parasimpática. Considero que hablar de activación simpática o parasimpática se entiende mejor que hablar de sistema como se suele hacer. Este tipo de activaciones son la famosa lucha o huida ante situaciones estresantes o amenazantes que nos ponen en alerta (simpático) o la respuesta relajada, calmada, natural ante el resto de situaciones donde predominan las funciones del parasimpático.

Estas funciones son autónomas, es decir, se activan ante los estímulos externos sin que medie nuestra voluntad. Y no, no somos capaces de reaccionar de manera calmada a una situación que percibimos como estresante, si esto fuera así, lo que en realidad está pasando es que el cuerpo está somatizando esa inhibición de la respuesta de distintas formas.

En el estado natural del ser humano dirige el parasimpático, pero sabemos que el ser humano está muy alejado de su naturaleza actualmente y que la hiperactivación del simpático es uno de los grandes problemas que están haciendo estragos a nivel físico y orgánico. Esta hiperactivación simpática del organismo es producto del entorno que hemos creado entre todos, cuyo deterioro es cada vez más claro, así como del estilo de vida que llevamos, donde predomina la aceleración de procesos y respuestas físicas y mentales.

Además, por si esto no fuera suficiente, la mayoría de las actividades físicas que están de moda se plantean como una activación constante o hiperactivación del sistema simpático: machacar al cuerpo, llevarle al límite de sus posibilidades, mucho “cardio” (acelerar el impulso cardiaco), mucha fuerza explosiva, extenuar a las articulaciones, etc. Incluso algunos estilos o propuestas que se presentan como yoga pueden seguir esta moda, y de yoga tienen solo el nombre como reclamo.

La clave está en equilibrar ambas respuestas del sistema nervioso. La activación simpática es necesaria en determinados momentos, no de manera constante o frecuente. Si esto ocurre, estamos atentando en contra del sistema nervioso y, por tanto, en contra de las distintas funciones del organismo. Esto se ve claro en las enfermedades de tipo digestivo, tan comunes en la actualidad. Una de las consecuencias de la activación del simpático es la inhibición de la actividad del sistema digestivo, así que ya podéis entender el daño derivado de esa hiperactivación.

Yoga es una de las actividades más beneficiosas para el sistema nervioso, ya que nos entrena para equilibrar ambos tipos de activación: simpática y parasimpática. Un aprendizaje del cuerpo que es más necesario que nunca, del que solo una misma es responsable, dedicando el tiempo y el espacio que merece.

P.D: Cuando digo que yoga es mucho más que ejercicio físico, es por algo 😉

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