Cada clase y cada grupo supone una inspiración diferente para mí.
Pensaba en esa inspiración como la que nos mueve a pintar o escribir, a crear.
El estilo de yoga en sí te da las herramientas para hacer tu dibujo, es decir, el estilo o como queráis llamarle, define el tipo de papel, el grosor del pincel y los colores que vamos a utilizar.
Y luego está el estilo propio de cada profesora o profesor que hace el dibujo, que crea la clase según su propia interpretación de lo que es yoga y lo que considera adecuado transmitir ese día. Esto significa poner todo lo que una es en cada clase; la técnica aprendida, todo lo leído, todo lo experimentado, todo lo pensado y practicado, etc, que va teniendo su expresión en función de la observación que somos capaces de hacer poniendo toda nuestra atención en las alumnas.
En cada clase de yoga hay parte que traemos preparada de casa y que correspondería al aspecto más técnico de la práctica en relación al punto en el que se encuentre la alumna o el grupo de alumnas. Esto corresponde a la estructura de la clase por así decirlo; los elementos que vamos a incluir, las variaciones en esos elementos y la elección de las posturas.
Pero hay otra parte que es propia de cada profesora, y no se aprende en una formación ni con el estudio, partiendo por supuesto de que ambos son imprescindibles.
Esa parte es la que una va desarrollando con la práctica y experiencia del yoga y de la vida, y es la que realmente marca la diferencia.
Esa otra parte incluye aspectos como la voz, la expresión, el tipo de comunicación, el ritmo, el respeto y cariño por los alumnos y por el trabajo de una misma como profesora, entre otros. Esa es la parte que cada una cultiva de la forma que crea adecuada y tiene que ver con lo que haya profundizado consigo misma y con su propia práctica personal y de enseñanza.
Seguiré escribiendo sobre esto puesto que es urgente y necesario que reflexionemos sobre el tipo de yoga que queremos poner en el mundo como profesionales de esta disciplina, porque no todo vale.
Y esa reflexión nos corresponde a todas, a través de la valoración del trabajo propio como profesoras, y de las condiciones en las que se está dando la transmisión del yoga hoy en día.
Como alumnas, valoremos siempre a las personas que guían con cariño nuestra práctica, hay mucho cuidado y trabajo detrás, que no se ve, pero se siente 😉

