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Mucho se ha estudiado sobre los supuestos trastornos del aprendizaje, pero pocos abordan esas dificultades desde la perspectiva del individuo y no del sistema educativo o de enseñanza, que no está teniendo en cuenta algunos aspectos clave.

Estuve durante algunos meses impartiendo clases de yoga particulares a un niño diagnosticado con dispraxia, una supuesta dificultad psicomotriz a la hora de realizar movimientos coordinados. Enseguida entendí que aquel niño no tenía ningún trastorno ni dificultad, lo que necesitaba era conocer y reconocer recursos propios para facilitar la conexión entre el cerebro y su cuerpo, sus músculos y cómo articular el movimiento. Es decir, conectar el sistema psíquico con el motriz. Y para hacer esto, él necesitaba de un ritmo determinado, distinto al del tipo de actividad física que estaba acostumbrado a seguir en la escuela o en determinados deportes colectivos, donde el equipo suele arrastrar y lastrar a algunos de sus miembros que no se sienten identificados con el nivel o el desempeño del grupo en el que les han involucrado.

El método de enseñanza es el que se debe adaptar a las personas, no las personas a un estándar determinado de aprendizaje o de medición de las capacidades.

Este niño venía condicionado pensando que era torpe, incapaz de coordinar movimientos y mucho menos de relajarse, debido a la cantidad de actividad física y mental a la que estaba sometido durante la semana.

De cierta desconfianza al principio sobre mis clases y el hecho de comenzar a practicar yoga, pasó a estar encantado y así me lo expresaba, principalmente porque durante ese tiempo no sentía la presión del entorno, y estaba experimentando por sí mismo que era perfectamente capaz de coordinar movimientos, aprender y mejorar en los distintos ejercicios de yoga, tanto físicos como de respiración, e incorporar todo esto al resto de ámbitos de su vida.

Es fundamental entender que cada persona es única, y que su unicidad es el resultado de unas cualidades innatas, pero también de sus experiencias y su voluntad alejada de la consecución de objetivos predefinidos y de las exigencias de un entorno cada vez más hostil a la hora de reconocer esa unicidad propia del ser humano.

Pocos se plantean que los llamados trastornos del aprendizaje, el más famoso hoy el de déficit de atención (TDA), responden precisamente a ese entorno donde, en muchos casos, las necesidades afectivas, emocionales, creativas, intuitivas, etc, de las personas quedan eclipsadas por el razonamiento lógico, matemático cartesiano, abstracto, secuencial, etc, que junto con un ritmo de vida frenético, están impidiendo el desarrollo y equilibrio de las altas capacidades en el ser humano.

Vamos a ver en los próximos años una redefinición de muchos de los mal llamados trastornos o inadaptaciones, porque la perspectiva desde la que se han estudiado hasta ahora debe cambiar para integrar todo el abanico de capacidades propias de cada ser humano.

Foto de Juan Bayón para @aliciayoga.es

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