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Ayer asistí al esperado programa de esta temporada de la Compañía de Danza de Nacho Duato en el Teatro Albéniz de Madrid y lo que vi fue una maravilla en danza. 

Cuatro piezas firmadas por él: Gnawa, Liberté, Duende y Cantus, donde demuestra, una vez más, su maestría indiscutible en la composición coreográfica.

Duato sabe tratar como pocos la expresión de la belleza del movimiento, sin artificios, dejándole todo el protagonismo al cuerpo en su expresión más pura, más directa. Vestuario y escenografía sencillos que contribuyen a representar una danza humana, donde el lenguaje del cuerpo llega sin filtros al espectador junto a una variedad de músicas que marcan y recrean dicha expresión. 

Las videoproyecciones ni están ni se las espera, la artificiosidad excluida, solo hay espacio para la inteligencia del cuerpo humano creando y recreando arte en tiempo real, todo un alivio para quienes amamos la danza en su estado más puro, donde lo humano se eleva y supera lo mundano.

La danza necesita más que nunca coreógrafos con la creatividad, la habilidad y la sensibilidad de Nacho Duato, un genio con sus luces y sus sombras, un maestro de la danza nacional e internacional, que vuelve a escena con su propia compañía compuesta por jóvenes y excepcionales bailarines. Compañía a la que deseo muchos éxitos en el futuro.

Gracias Nacho por transformar cada sombra en luz a través del movimiento del cuerpo, en cada coreografía. El cuerpo verdadero que baila. Baila y acaricia el aire que le rodea. Baila y desafía la gravedad. Baila y transforma el dolor en belleza.

Aún quedan entradas para hoy sábado 14 y mañana domingo 15 de junio que podéis comprar aquí.

No os lo perdáis.

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