Sorprende que aún exista tanto desconocimiento sobre anatomía y fisiología entre la población en general. Yo misma, hasta que no comencé la formación en yoga y posteriormente amplié mis estudios en ese campo, no fui consciente de muchos aspectos que me han ayudado, no solo en mis clases, si no en mi día a día. Probablemente aprender todo lo relacionado con lo humano ya no esté tan de moda, pero el código que programes, o que hayan programado para darte respuestas falibles a todos tus supuestos problemas no te va a ayudar cuando tus articulaciones fallen o cuando no sepas por qué tienes ese dolor tan persistente en la espalda.
Todo empieza y acaba en nuestros cuerpos. Cuerpos que sienten, que piensan y que necesitan atención en una cultura enfocada principalmente en distraernos de lo que de verdad importa.
Algunos dirán que el cuerpo deja de ser tan importante cuando lo escondemos detrás de una pantalla durante gran parte del día. En mi opinión lo es más que nunca, porque las aberraciones físicas que está produciendo el uso y abuso de pantallas de todo tipo son más que evidentes.
La estructura compleja del cuerpo humano es un todo dividido en partes que se interrelacionan en un único sistema. Un desequilibrio en una parte conlleva obligatoriamente una adaptación en otra. Por tanto, de nada sirve abordar actuaciones aisladas que no tengan en cuenta que nuestro cuerpo es tan inteligente que actúa de manera automática para salvar esos desequilibrios, paliar dolencias, etc, y que, si no le ayudamos, se producen una serie de descompensaciones y descomposiciones que van mermando dicho sistema.
La ayuda la conseguimos a través de la actividad física, pero no una actividad física cualquiera. Detectar los patrones del movimiento, identificar los desequilibrios, la forma y el potencial de recuperación de cada cuerpo es fundamental. Y hay muy pocos profesionales que lo tengan en cuenta antes de proponer soluciones que realmente utilicen dicha actividad para mejorar la salud de las personas, en muchas ocasiones es precisamente al contrario.
Una cultura obsesionada con el culto a una forma determinada de cuerpo, no tiene en cuenta lo que necesita ni lo que le proporciona salud y bienestar. No toda actividad física está orientada a prevenir lesiones, ni adapta sus programas corrigiendo los desequilibrios que suponen un deterioro progresivo de las condiciones físicas de la persona en cuestión.
Porque cada cuerpo lleva impresa una historia determinada, y es precisamente saber leer esa historia la que nos da la información necesaria para orientar la actividad física en la dirección más beneficiosa.

