No, no están siendo unas vacaciones agradables las de este año porque han coincidido con los graves incendios que asolan el oeste de la península y no se me va de la cabeza Castilla y León, Galicia, Asturias y Extremadura.
Debemos hacer un profundo duelo por la pérdida de tantos bosques y paisajes de incalculable valor, animales y pastos reducidos a cenizas, pero sobre todo, por todo lo que estamos permitiendo que ocurra.
Porque más allá de la descoordinación y negligencia de los gobiernos autonómicos o centrales, que a muchos les servirá, una vez más, para perder el tiempo lanzando acusaciones y generando más caos con tal de perjudicar a otros o mantenerse en el puesto, está la negligencia que cada uno sostiene en su día a día, y tenemos que responsabilizarnos de ello y empezar a cambiar cosas, siendo muy conscientes de las consecuencias de nuestras acciones y estilo de vida.
Y probablemente esa sea la peor parte del duelo y la más difícil, ser consciente de que las raíces del problema son muy profundas y saber que, asumiendo tu parte de responsabilidad, tienes dos opciones; o decides hacer el esfuerzo de cambiar algunos hábitos para contribuir a la solución, o decides seguir en la indiferencia siendo parte del problema, del que además te quejas, y que nos lleva a todos a la ruina económica y medioambiental.
Cada gesto, cada acción, cuenta. Cada vez que compramos sin saber su procedencia, cada vez que no reutilizamos o desechamos sin necesidad, cada vez que nuestro ocio se basa en gastar mucha energía de todo tipo, todo el tiempo, cuanto más barata mejor, sobre todo en desplazamientos constantes.
Qué paradoja dejar que el consumo nos consuma de la manera más acelerada posible.
Porque deberías saber que es de extrema gravedad lo que está pasando con el campo, el entorno rural, que lleva muchos años sufriendo de abandono por distintos motivos y necesita alternativas viables y reales para su conservación y desarrollo que no llegan.
Porque a estas alturas también deberías saber, por muy urbanita que te consideres, que la verdadera riqueza está en el aire que respiras, en los árboles que te rodean, en el alimento que te nutre y en tu capacidad para cuidar de todo eso. Un aire, por cierto, que ahora mismo intoxica a más de la mitad de españoles, no sólo por los incendios, sino también por los altos índices de contaminación en las ciudades.
El interés económico jamás debería prevalecer sobre las condiciones de vida de las personas. Y es urgente volver a un equilibrio que devuelva al desarrollo económico unos valores que lo lleven en la dirección correcta, no sobre el papel, sino en la práctica. Y ese equilibrio empieza en ti y en dónde pones tu dinero, tus ganas, tu interés, tu ilusión, tu ocio, tu negocio y tu cuidado.
No más humo, por favor.

